Hace pocas semanas os traje una noticia de arqueología bíblica presentándola como algo poco frecuente en los últimos meses. Hice una pausa en la serie de post sobre la posibilidad de diseño divino tras el Universo y la naturaleza del tiempo. Pues bien, afortunadamente se ha difundido hace poco tiempo otra noticia de arqueología que apuntala la historicidad de la Biblia, por lo que hago otra pausa en la “hiper-serie” sobre la cuestión antes mencionada.
Se trata de un descubrimiento en Jerusalén, por la zona de la Ciudad de David, realizado en unas excavaciones promovidas por la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA) y la Universidad de Tel Aviv. Lo descubierto ha sido un conjunto de vigas de madera carbonizadas correspondientes a la destrucción del Primer Templo por el rey babilónico Nabucodonosor II sobre el año 586 antes de Cristo. Barajan la hipótesis de que la madera calcinada era parte del techo de un patio interior que quedaron sepultadas tras el incendio.

Es bastante raro en aquella zona que madera de más de dos milenios y medio se conserve en aceptables condiciones. La explicación que dan los expertos a esta excepcionalidad es que las vigas, una vez en el suelo tras la caída por el incendio, fueron cubiertas por yeso derretido de las paredes, el cual facilitó una protección que ha permitido recuperar la madera en condiciones suficientes como para ser analizada.
Además de la madera de las vigas se ha encontrado restos de madera de otro tipo de árbol (las vigas eran de sicómoro, y estas otra de alguna conífera). En estas otras maderas se han podido observar bastantes anillos de crecimiento, lo cual es muy valioso para posibilitar la datación. Según Johanna Regev, experto en datación, los anillos de crecimiento junto con los test de radiocarbono proporcionarán una datación más exacta de lo habitual. De aproximaciones de siglos se podrá pasar a márgenes de décadas. Según esto, estas vigas podrán constituir una referencia para fechar otros acontecimientos alrededor de la época.
El “escenario” de la aparición de las vigas sugiere que debieron quedar en el mismo lugar donde cayeron, lo cual extraña, dado que posteriormente regresaron los judíos del exilio y se construyó el segundo templo en la misma zona. Es lógico pensar que fuesen retiradas por su inutilidad constructiva. Pero no, allí quedaron.
El director de los trabajos de excavación, explica que posiblemente fue una decisión concreta de conservar las ruinas como memorial de la catástrofe que provocaron los babilonios. La idea de un escenario que rememore importantes y emotivos acontecimientos pasados en muy habitual en muchas sociedades.
El responsable de patrimonio israelí (Amichai Eliyahu) enfatizó que “Las vigas de madera quemadas en la destrucción del Primer Templo siguen siendo un poderoso recordatorio de la presencia del pueblo judío en Jerusalén hace unos 2600 años “. Y añadió que “… este descubrimiento subraya que nuestra conexión con Jerusalén está arraigada no solo en la fe, sino también en la historia, arqueología y memoria colectiva“.
La noticia en jpost.com
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