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El post anterior lo dedique fundamentalmente a aclarar que ni siquiera bajo el enfoque del “perpetuo presente” tiene sentido el concepto de eternidad (recuerda: hasta el post anterior utilizaba la denominación “eterno presente” en vez de “perpétuo presente).
Bajo el enfoque del tiempo como dimensión real, no tiene sentido porque la idea de una dimensión temporal infinita por la que se pueda “transcurrir infinita y eternamente” no es más que una quimera.
Y bajo el enfoque del perpetuo presente, porque lo que nos induce la idea de “tiempo que transcurre” (las duraciones de los diferentes procesos existenciales) siempre tienen un comienzo y un fin. Incluso el Universo, pues ni siquiera el “gran contenedor de todos los procesos existenciales” es máquina de movimiento perpetuo.
Pero hacia el final ya apunté que es posible otro enfoque de “la Eternidad” al margen de dimensiones tiempo o duraciones particulares…
La eternidad como ausencia de duración
Sí, existe otra forma de entender la Eternidad, la cual perfectamente podría ser atributo distintivo de “hipotéticos seres” libres de dimensiones tiempo o de procesos que impliquen duración en la consecución de sus etapas.
Para llegar a perfilar esa idea es conveniente enlazar estas otras:
La ilusión de tiempo colectivo no es más que la coordinación de tiempos particulares
Hemos visto que lo que nos crea la sensación de tiempo que transcurre no es más que la representación mental de las duraciones de los procesos existenciales: Es la coordinación de nuestro tiempo particular con el del resto de personas de nuestro entorno (también objetos o entidades) la que posibilita la interacción social y nos genera la ilusión de “tiempo objetivo”.(Relee el post 11: ¿Cómo se genera la ilusión de tiempo colectivo?).
Las duraciones de los tiempos particulares son consecuencia de la imperativa secuencialidad de las fases dentro de los procesos existenciales materiales.
Las fases de cualquier proceso existencial imperativamente deben encadenarse secuencialmente. Al menos las integrantes de una misma secuencia causal. Es lo que provoca la duración de los procesos, da origen a los “tiempos particulares” y crea la ilusión de tiempo dimensional que compartimos. En un mismo proceso existencial es imposible que se superpongan dos fases u operaciones consecutivas (en el sentido ordinal de sus secuencias de ejecución).
¿Por qué?
Porque lo imponen las reglas de juego del mundo material.
Son las mismas propiedades de la materia (las fuerzas intra e inter moleculares) las que imponen que las diferentes fases de los procesos existenciales sean secuenciales, impidiendo la simultaneidad en cualquier nivel de la existencia, sea microscópica o macroscópica. Si pudiese haber simultaneidad en las fases, todas podrían ejecutarse a la vez, ya no podríamos hablar de “tiempos particulares”.
En el post 16B lo ilustré con la imagen de dos personas intentando atravesar a la vez una puerta por la que apenas puede pasar una sola.

Es imposible que atraviesen la puerta a la vez porque sus cuerpos no se “funden” ocupando el mismo espacio físico. Aunque microscópicamente “casi todo es vacío”, la fuerzas intra e inter moleculares impiden la compenetración de unas substancias en otras. En el fondo no hay choques entre cuerpos. Lo que realmente sucede en el mundo microscópico son confrontaciones entre campos de fuerza. (¡Por fortuna!, porque de lo contrario, ya me dirás como podríamos chutar balones o comer la sopa con cuchara).
Esa es la razón de fondo por la que las diferentes fases u operaciones de los procesos existenciales materiales nunca puedan ser simultáneas, deben ser consecutivas (al menos en una misma secuencia causal). Y de aquí surge la duración consecuente al encadenamiento forzosamente secuencial de las fases, el tiempo particular y la ilusión de que existe una dimensión tiempo que es transitada por las entidades materiales.
Así, pues, si son las reglas de juego del mundo material, las que impiden que las dos personas atraviesen a la vez la puerta, si pudiésemos anular esas leyes, bien que les facilitaríamos el paso, ya podrían fundirse y pasar ambas a la vez:

¿Pero realmente pasan sus cuerpos? Porque donde no rigen las leyes de la materia, en realidad, es que no hay materia.
Donde no hay leyes materiales no hay materia.
Si la duración y los tiempos particulares son consecuencia de las reglas del juego imperantes en el mundo material, ¿cabría pensar en un mundo ajeno a esas leyes? Estaríamos hablando de un “mundo no material”. ¿Cabe esa posibilidad? Esta es una cuestión que será preciso tratar en otro post.
Por ahora, demos por supuesto que ciertamente es posible un mundo inmaterial. Ni siquiera vamos a plantear cómo podría ser y qué “reglas de juego” puedan serle impuestas. Sólo plantearnos el sentido que toma el término “eternidad” en ese contexto.
Reflexionemos nuevamente:
Donde no hay materia, no hay duración,
Conforme a lo que hemos visto, de existir un “mundo no material”, no hay razón para que en ese mundo existan duraciones. Quizás puedan darse algo que en algún sentido podríamos asimilar a lo que entendemos como un proceso en el sentido de cosas, acciones, intenciones, etc., tendentes a la consecución de algún resultado u objetivo. Pero sería “proceso” sin duración, pues no habría leyes que obligasen a la secuencialización de las acciones. En un sentido podríamos decir que “todo sería inmediato”: tanto da el ahora como el después. Como inicia un dicho popular: “Tanto da un día como un año, para el que no tiene un apaño”. O incluso esta otra frase bíblica, también referida al tiempo y a un ser que muchos creemos que es inmaterial: “…un día es como mil años, y mil años como un día” (2ª Pedro 3:8).
Donde no hay principio ni fin, sólo hay eternidad
Así, pues, sea lo que sea que exista en un mundo inmaterial, si no tiene duración, ni empieza ni termina. Es en ese sentido que podemos hablar de eternidad: Existencia sin inicio, sin fin y al margen de las reglas de realidad física material.
Y… a tener en cuenta:
- Realmente existiendo.
- Pero no existiendo en la eternidad, puesto que no transitan ninguna dimensión tiempo.
- Tampoco existiendo con duración infinita, puesto que carecen de duración.
- Pero sí existiendo en “el perpetuo presente”.
Perpétuo presente: Ese “no lugar” donde todo se desarrolla, tanto las entidades materiales como las inmateriales:
- Las entidades materiales, desarrollando sus procesos existenciales de obligada secuencialidad y dando lugar a duraciones que empiezan, acaban y consumen los recursos energéticos y materiales que los animan.
- Y las entidades inmateriales, existiendo sin más. Sin sujeción a las reglas del mundo material. Sin necesidad de un final ni de un principio. Sin consumo de recursos energéticos materiales. Quizás a este tipo de entidades sí podríamos llamarles “máquinas de movimiento perpetuo”, aunque probablemente no se mueven como nosotros entendemos el movimiento.
En pocas palabras: La eternidad sólo es posible al margen del mundo material.
Ahora bien, el que ciertamente sea posible la existencia de “alguien o algo” al margen del mundo material, es una cuestión que tendremos que revisar en otro post.
(El 20/10/2026 todos los enlaces incluidos hasta aquí estaban activos)
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Recuerda: Aunque no lo parezca, todos estos posts van en la línea de intentar entender cómo Dios pudo diseñar el universo “desde su eternidad”. Y, quizás, también ayude a intuir cual sea la naturaleza de la divinidad. |
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